martes, 17 de mayo de 2011

La marea...

Pasados los momentos idílicos del engaño de la nube resurge con oscura fuerza el sentimiento de cabreo-frustración nublador de todo entendimiento... y con ello nacen las preguntas, preguntas que jamás respondidas serán.
Continúan las batallas por la hegemonía del control de una patética vida. Corazón contra destino, mente contra corazón, cordura contra realidad... 
Realidad, cuan aplastante suena una simple palabra cuando buscas encontrar sentido y solo hayas un duro mazo traqueteando a todo momento, aplastando con facilidad las ganas de perdurar...  apagando con crueldad la diminuta y casi extinta llama de la esperanza...  
Tópico decir que el dolor quema por dentro, repetitivo e infantil que la vida está matando, acojonante afirmar que asusta despertar por la mañana a sabiendas que nada habrá mejorado, que la lucha nunca termina, y ya no entiendes por que sigues enfrentando a un enemigo invencible, invisible, pero al cual solo puedes atribuir tanto daño si ya no puedes explicar con tus actos la cantidad de mierda sobre la que tratas de nadar, comprendiendo que a contracorriente nunca llegarás a ningún rincón de los deseados, pues por mucho bracear con todas las ganas y energías, la resaca del oleaje devolverá tu frágil alma al lugar donde pertenece... el vacío...

Ingenuo... abre los ojos, abandona todo intento de ascenso a las alturas, construye un barco con los pedazos de una vida y déjate llevar por la marea...  si no te ahogas... aférrate a la primera isla donde naufragues...


La marea... siempre tan sabia... tan traicionera... tan necesaria...

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