En cierto punto del camino comprendí que en realidad no soy mas que un un fabricante de sueños, un ilusionista. Manejo los hilos invisibles entre mis dedos y así hago levitar tu cabello. Susurro a tus oídos tres palabras y aparece en tu alma un ramo de flores silvestres... Chasqueando mis dedos hago arder la pasión y si quisiera podría partir tu corazón en distintas partes, para al cerrar la caja de nuevo mostrarte que en realidad está entero. Todo marchó muy bonito hasta que el oficio se convirtió en la vida, y los trucos ya no eran tal, era solo la expresión de un alma corrompida por el vicio del amor...
Ser fabricante de sueños tiene grandes ventajas, y posiblemente sea lo más práctico en estos rincones rodeados de burdas y peligrosas pirañas, pero posee un gran fallo: algún día maduras a mujer, y la magia deja de interesarte. es entonces cuando la profesión se convierte en trabajo de alto riesgo...
yo que quería ser futbolista...
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