viernes, 13 de julio de 2012

Bolero

Con los años tendemos a acomodarnos, asentarnos con lo que nuestro tiempo y ansia de carrera nos ha permitido alcanzar y perder el camino de los sueños. Olvidamos que un día comenzamos esperanzados y que nos íbamos a comer el mundo a bocados para mostrar que aquí estamos y no va a ser en balde. Y alcanzamos un estado de equilibrio aletargado: no estás pleno pero no estás triste. No tienes lo que buscabas pero si lo que necesitas. Aprendes a amar y desear lo que está al alcance de tu mano, y tus brazos se atrofian al no esforzarse.     A esto es lo que en el siglo XXI se le confunde con llamar "felicidad"; no tiene nada de malo, al contrario, es lo más cercano a la plenitud que existe, y si encima eres alguien poco exigente... todo bien por el momento.  
Pero... ¿qué ocurre cuando pierdes ese puntito de referencia que es el que equilibra toda la balanza? 
En los tiempos que corren, faltos de pureza, nobleza y moralidad, es fácil encontrar escollos con los que tropezar y trastocar todo tu acomodado mundo, es muy fácil pasar del gozo a la desdicha, y sobre todo, mucho más fácil culpar a otros en lugar de asumir nuestro error... porque, aunque tu no des el golpe, si haces memoria, hay un momento en la historia en el que cometiste ése profundo error que trastocará tu bonito, cómodo pero delicado ambiente.


¿Dónde está el problema?
¿En qué me he equivocado?
¿Cual fue ese error fatal que me ha arrastrado hasta el lugar de las miserias?


Como experto en carreras, saltos y tropiezos, aún no logro encontrar ninguna respuesta clara, sincera y lógica a esas tres preguntas. De ello nace otra pregunta más.


¿Qué pude hacer para evitarlo?


Si, existen varias respuestas para esta cuestión, pero es totalmente irrelevante e innecesario, el pasado queda en el pasado. Y al comprender esto descubres la pregunta que te llevará a la revelación de tu vida: 


¿Qué puedo hacer ahora?


Puedes hacer miles de cosas, pero una fundamental. Para ello enfocas tu mente y comprendes tu existencia. 
Sabemos que la vida es cíclica. Todo tiende al ciclo, todo va y todo vuelve. Cambian los personajes, cambian las situaciones, pero la esencia es la misma. Desde que nacemos no podemos escapar a lo que somos, no podemos pelearnos con el destino, siempre va a vencer. Pero si hay algo que puedes hacer con tu ciclo, hazlo ascendente. Convierte tu espiral en una escalera de caracol, deja de la vida de vueltas, pero que ascienda a su vez, como el Bolero. Permite que se repita y se repita, que vuelva al principio, que toque sus mismas notas, sus mismos acordes, pero siempre hacia arriba. Renace. Crece en cada segundo. Y  Vive tan alto que todos tengan que adorar tu luz.


Comenzad suave, casi sin hacerse notar, creced en toda la maravilla y esplendor, y acabar en un gran estallido que la eternidad recuerde... No imitéis al Bolero, sed el Bolero...






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