Desde que existimos, los humanos hemos amado tomar el cielo, besarlo y acariciarlo. Carentes de el sentido del vuelo, hemos construido grandes edificios, torres tan altas que parecían rozar las nubes. Muchas veces el ansia provocaba que dichos lugares fueran mal edificados, sin cautela y guiados por la soberbia. Con el tiempo, acababan formando escombros, mal viviendo en una memoria que tergiversa los sucesos...
Pocas ocasiones, pero reales, algunos colocaron las primeras piedras de las grandes maravillas que aun perduran, y perdurarán por la eternidad. Ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, escribiendo su gran legado en la historia, con la pasión de un niño pero con cuerpo de adulto, avanzando siempre en su obra, incluso cuando parecía no tener sentido. Aun los vemos,aun podemos admirarlos, y cada vez que alcemos la vista o la memoria, vivirán.
Poco importan los infortunios del destino, nada importa el tiempo. Pues...
Las grandes construcciones no se derriban con facilidad, de echo, no se derrumban nunca.
Pocas ocasiones, pero reales, algunos colocaron las primeras piedras de las grandes maravillas que aun perduran, y perdurarán por la eternidad. Ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, escribiendo su gran legado en la historia, con la pasión de un niño pero con cuerpo de adulto, avanzando siempre en su obra, incluso cuando parecía no tener sentido. Aun los vemos,aun podemos admirarlos, y cada vez que alcemos la vista o la memoria, vivirán.
Poco importan los infortunios del destino, nada importa el tiempo. Pues...
Las grandes construcciones no se derriban con facilidad, de echo, no se derrumban nunca.
Aun debemos terminar el edificio, y aun así ya está escrito en la historia...
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