A pesar de la losa que el tiempo ha puesto sobre el borroso tapiz, cuando enfoco la mirada aún puedo ver con claridad la magia de aquellas maravillosas noches... Arracamos las hojas del calendario mucho más deprisa de lo deseado, como la cuenta atrás de un transbordador que, en principio, no tenía plan de vuelo y en el último instante decidió viajar a los confines del universo, paseando por rincones más hermosos que hasta ahora he podido divisar. No se si entristezco o alegro por dejarlo en el pasado, simplemente, agradezco haber podido coprotagonizar aquella mística aventura, de tu mano. Si algo pudiera cambiar de ello, ahora que se que todo lo que tiene principio tiene fin, solo sería el final. Pero como toda historia digna de ser narrada y no convertirse en una falacia, acabó truncada y en un lugar que mis ojos ni alcanzan ni desean ver. Solo sucedió lo que tenía que suceder, para algún día poder narrar relatos aun mas bellos y mágicos, y juntarlos más allá en nuestro libro de cuentos...
Sin embargo, para superar estos relatos, imaginar un inicio mejor se me hace ahora imposible, a veces, incluso amargo.
Éramos unos niños, y como tal, rebosábamos ilusión y fuerzas para volar y alcanzar las nubes. Yo solo necesitaba escuchar tus palabras y así encendí mi motor. Teníamos muy poco tiempo, y mucho que hacer. Teníamos miedo al futuro, a nuestro futuro, pues el camino era difícil para caminarlo tomados de la mano, así que decidimos solo vivir el momento y disfrutar lo que el tiempo nos permitió: 6 días y 7 noches. A la luz ya te añoraba, y contaba los segundos para encontrarte en el ocaso, y así volver a abrazarte. También contaba cuantos besos podría darte antes del adelantado y previsto final. Preocupado por amarte, cosa que ya hacía. Angustiado por perderte, cosa que era sabida. Entristecido por poseer lo más bello del universo, y conocer que era efímero cual destello. Alegre por poseerlo. Tu danza bajo las estrellas aun despierta la más sincera de mis tontas sonrisas. El brillo de tus ojos... nunca encontraré palabras dignas de describirlo. La forma en que conseguías que te abrazara al caminar, maravillosa y única.
Los días se agotaban mientras te amaba, pero cada segundo era el infinito junto a ti. El tiempo no tenía sentido hasta el alba, cuando te dejaba esperando que llegara el nuevo ocaso, y volver a besarte con la dulzura que me contagiaste. Y entonces llego el momento, nuestro primer último adiós. Intenté algo especial dentro de lo que mi niñez permitía. Y evité decir las palabras que no queríamos escuchar. Nunca estuve tan nervioso, nunca tan débil y fuerte al mismo tiempo. Tu, siempre fuiste más valiente, y pronunciaste las palabras que mi boca temía decir y mi alma cantaba a gritos: el viaje solo había comenzado.
Por mucho que el viento arrastre la memoria, por muchas noches y brazos que haya vivido desde entonces, jamás habré vivido instante más feliz desde que comencé a respirar. Y es la causa de mis temores; cómo superar tanta belleza... como encontrar una luciérnaga mas luminosa en esta noche tan fría...
Sea como sea, lo único que ha cambiado con los años es que ahora me arrepiento. No desearía no perderte, eso era algo predestinado. Solo desearía cambiar las últimas palabras que te dije. No decirte cuanto te amé, cuanto te amo, ni pedirte y suplicarte. Cambiaría todo solo por algo que resume todo lo que siento.
Gracias
Sin embargo, para superar estos relatos, imaginar un inicio mejor se me hace ahora imposible, a veces, incluso amargo.
Éramos unos niños, y como tal, rebosábamos ilusión y fuerzas para volar y alcanzar las nubes. Yo solo necesitaba escuchar tus palabras y así encendí mi motor. Teníamos muy poco tiempo, y mucho que hacer. Teníamos miedo al futuro, a nuestro futuro, pues el camino era difícil para caminarlo tomados de la mano, así que decidimos solo vivir el momento y disfrutar lo que el tiempo nos permitió: 6 días y 7 noches. A la luz ya te añoraba, y contaba los segundos para encontrarte en el ocaso, y así volver a abrazarte. También contaba cuantos besos podría darte antes del adelantado y previsto final. Preocupado por amarte, cosa que ya hacía. Angustiado por perderte, cosa que era sabida. Entristecido por poseer lo más bello del universo, y conocer que era efímero cual destello. Alegre por poseerlo. Tu danza bajo las estrellas aun despierta la más sincera de mis tontas sonrisas. El brillo de tus ojos... nunca encontraré palabras dignas de describirlo. La forma en que conseguías que te abrazara al caminar, maravillosa y única.
Los días se agotaban mientras te amaba, pero cada segundo era el infinito junto a ti. El tiempo no tenía sentido hasta el alba, cuando te dejaba esperando que llegara el nuevo ocaso, y volver a besarte con la dulzura que me contagiaste. Y entonces llego el momento, nuestro primer último adiós. Intenté algo especial dentro de lo que mi niñez permitía. Y evité decir las palabras que no queríamos escuchar. Nunca estuve tan nervioso, nunca tan débil y fuerte al mismo tiempo. Tu, siempre fuiste más valiente, y pronunciaste las palabras que mi boca temía decir y mi alma cantaba a gritos: el viaje solo había comenzado.
Por mucho que el viento arrastre la memoria, por muchas noches y brazos que haya vivido desde entonces, jamás habré vivido instante más feliz desde que comencé a respirar. Y es la causa de mis temores; cómo superar tanta belleza... como encontrar una luciérnaga mas luminosa en esta noche tan fría...
Sea como sea, lo único que ha cambiado con los años es que ahora me arrepiento. No desearía no perderte, eso era algo predestinado. Solo desearía cambiar las últimas palabras que te dije. No decirte cuanto te amé, cuanto te amo, ni pedirte y suplicarte. Cambiaría todo solo por algo que resume todo lo que siento.
Gracias
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