Algo cayó desde el cielo... o subió desde el averno y envolvió nuestra unión con hálito de desesperanza...
Realmente no debería existir problema alguno, pero ahí está, mirando a nuestros ojos firmemente, retando cada movimiento de la danza y riendo cruelmente sabedor de su victoria.
Existe entre nosotros algo que nadie conoce, algo que aun no sabemos, nuestra distancia acerca el invierno, y nuestro contacto desata la furia de los dioses, y sin embargo, ahí continuamos, y continuaremos, hasta el fin de tus días o los míos, que puede que sea el de ambos...
Me dices que somos imanes, con nuestros polos iguales apuntando a nuestras manos, y por eso nos alejamos...
como es de esperar te replico, y te cuento que en realidad somos imanes que no paran de girar, a distinta velocidad, y por ello nos juntamos cuando nuestros polos alternamos, y nos alejamos cuando los igualamos, hasta el día que la fuerza que nos aleja se detenga, y el destino decida de que lado nos paramos, como te comente una vez, tal vez nunca suceda hasta que en el otro mundo nos veamos, entonces no habrá problemas y podremos disfrutar de ambos, por la eternidad... y como no, ahora eres tu quien me replica, porque nos reencarnaremos, y todo volverá a comenzar, giraremos y giraremos, nos juntaremos y alejaremos...
Pienso que podríamos haber vivido una vida entera sin conocernos, siempre cerca pero lejos, como ahora, pero, si existe algún destino, y de seguro es puñetero, tu y yo estamos condenados a amarnos y odiarnos, desde el momento que todo existió y desde antes que nada existiera, porque somos el principio del fin, moléculas gemelas de distinto origen, materia y antimateria, vórtice y agujero negro, tu el todo y yo la nada, la luz que anula mi oscuridad, y al otro lado del misterio, nuestra felicidad...
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